Las técnicas masturbatorias masculinas hasta hace bien poco estaban agrupadas en función de las diferentes formas de colocar las manos sobre el pene, como estimularlo, dónde, con qué intensidad…
Técnicas válidas tanto para las prácticas en solitario como para las experiencias en pareja, donde las mujeres también con sus manos, aprendían los ritmos masturbatorios de sus amantes, la presión adecuada sobre el pene y la intensidad de frotación sobre la piel. Actualmente, estas antiguas y eficaces técnicas han recibido la inestable ayuda de numerosos juguetes que han revolucionado la, en cierta manera, conservadora masturbación de los hombres.
Elaborados en siliconas y piel artificial, que les dan un aspecto real, existen torsos con pechos de mujer, flexibles y cálidos, con un tacto natural. Suelen ser grandes para poder colocar el pene entre ellos y masturbarse con un movimiento de entrada y salida por el canalillo artificial.
Con el mismo material se fabrican vaginas que tienen marcados los labios de la vulva y el orificio oprimido pero flexible para poder penetrarlo. El interior de la vagina está texturizado para que durante el movimiento reiterado de entrada y salida del pene la estimulación aumente con el roce.
Esas mismas condiciones y materiales se repiten en simuladores de anos. Todos ellos son cilíndricos y con un tamaño algo mayor que un pene, como para sostenerlo en las manos durante la penetración masturbatorios..
Modelos más sofisticados y realísticos presentan vulvas con clítoris y ano en la misma pieza como si fuese parte de una muñeca de tamaño natural. Estas vaginas, anos o bocas de diseño también tienen versiones realizadas con una silicona similar a la utilizada para las prótesis médicas, de manera que su textura blanda recuerda el tacto y la temperatura de la piel humana

