Mordaza y Ligaduras

Jugar a que la pareja no hable durante las relaciones de dominación es una práctica habitual; que no emita ningún sonido, ni una queja, ni un gemido, puede ser un dulce sufrimiento sexualmente motivador.

Hay alternativas muy divertidas y útiles en los sex shops para estos casos. Desde mordazas similares a pañuelos pero con el tamaño y la sujeción adecuada para que no se resbalen por la piel hasta mordazas tipo chupete. Llevan bolas blandas de silicona, de aproximadamente cinco centimetros de diámetro, que se introducen en la boca. Van pegadas a la tira de cuero o silicona para la sujetación que se cierra detrás de la cabeza.

Las mordazas selen ser eficaces complementos para la sección de bondage, esa antigua técnica oriental que consiste básicamente en atar al amate, parcial o totalmente, para que goce, pero también para disfrutar viéndolo inmovilizado. O mejor dicho, para que disfrute la pareja en sus distintos roles durante durante el juego. Lo cierto es que el elemento principal, desde la primitiva historia del bondage en Japón siempre han sido las cuerdas. Y una cierta imaginación para la creación de ataduras que inmovilizan al amante sumiso en diversas posturas. Para el bondage más duro por lo general se uilizan, entre otros materiales, cuerdad gruesas de cáñamo o cadenas.

Una versión más ligth contenpla el uso de pañuelos de seda suave, como ataduras simbólicas. Pero también hay posibilidades como la cuerda japonesa de seda, que desliza sobre la piel de una forma tan sugerente que su roce produce escalofríos con las ataduras puestas. También se cambia el clima hacia una estética más SM con rollos de hasta veinte metros de cinta de látex. Esta cinta de unos ocho centimetros de ancho permite tener todo tipo de combinaciones desde las ataduras enlazadas de pies y manos hasta envolturas completas del cuerpo, desde el cuello hasta los pies, como si el sumiso fuese una momia viva vendada de colores brillante.